El prominente punateño Dr. José Rocha, escribe la síntesis histórica de Punata refiriéndose a la escasa tradición en la investigación antropológica sobre el Valle Alto, el antropólogo Scharmm (1991) diseña un posible “mosaico” étnico del Valle de Cliza. Con la denominación de “Valle de Cliza” fue conocida desde el siglo XVI la actual región del Valle Alto.

En esa época, el Valle de Cliza hacía parte del Corregimiento de Mizque. Cochabamba era un corregimiento independiente. “Corregimiento” es la denominación de carácter político jurídico para una región donde la autoridad principal era el Corregidor, quien desempeñaba las funciones de un Juez Superior en las relaciones entre los indios y las autoridades de la Corona Española.

Los Corregimientos tenían tuición sobre sub-regiones denominadas Partidos. Así al Corregimiento de Cochabamba estaban supeditados los Partidos de Tapacarí, Arque y Ayopaya.

A partir de esas iníciales informaciones podemos afirmar que los habitantes de Punata tienen un semejante origen étnico que los otros pobladores del Valle Alto (Provincias Arani, Jordán-Cliza, Esteban Arze y Tiraque). Antes de la llegada de Tupaq Inca Yupanqui a la región del Valle de Cliza, después de la segunda mitad del siglo XV, Tupaq Inca Yupanqui prosiguió con la ampliación de los límites del Tawantinsuyu (ya iniciada por Pachakutec), llegando en su marcha de conquista hasta el río Maule en Chile. Más tarde, su hijo Wayna Kapaq continuó con los mismos propósitos, él mismo marchando hacia el norte llegando hasta el Ecuador para dominar el poderoso reino de Quito.

Es muy probable que el Valle de Cliza estuviera habitado por los Cotas y los Chuis. Más tarde, el Inka Wayna Kapaq mandó trasladar a esta región mitmaqkuna como los Turpa. Los Mitmaqkuna (o mitimaes) son los contingentes poblacionales, que por su reconocida lealtad al Inca, eran enviados a las nuevas regiones conquistadas y donde se podía advertir actitud negativa de parte de los recién adheridos al reino. Estas últimas poblaciones eran trasladadas, a veces, a otros lugares donde podían ser controladas por las poblaciones leales al Inca. El proceso de traslación de los mitmaqkuna obedecía a los planes de dominio político-administrativo del imperio así como la uniformización del idioma.

Los primeros mitmaqkuna se establecieron entre las actuales zonas de Sulti, Paracaya y el Tuti (Provincia Punata). Alrededor de 1.558, a dos décadas de la llegada de los españoles al Valle (entre 1538 y 1539) ya este mosaico se amplía con los yanaconas (indios huidos de Pocona, Tapacarí, Sacaba), en el marco de las nacientes “chácaras” y haciendas.

Desde el punto de vista lingüístico, con probabilidad el primer idioma en el Valle de Cliza fue el aymara debido a la presencia de los Cotas y posiblemente, de los Chuis tal como se puede rescatar de varias toponimias en la actual provincia de Punata como Wañaqota (Laguna Seca), Yakanahuyo (Cerco para vacas), Thaqoni o Taccuni (Algarrobal) y otros. El lingüista aleman Trimborn (en Torero, 1970) señala que para el departamento de Cochabamba el 70 % de los topónimos son de origen aymara, lo cual, corrobora que Cochabamba fue una región aymaro-hablante antes del inicio de la quechuización bajo el dominio de los Incas.

Dentro de este marco general, se puede afirmar que, en el territorio de lo que hoy es el Valle Alto, no existían “comunidades indígenas” con tierras independientes como en el altiplano (actuales departamentos de La Paz y Oruro) y otros Valles como en el departamento de Potosí. Los mitmaqkuna, pertenecientes a una gran diversidad étnica (antes de la conquista española los valles del Partido de Cochabamba estaban habitados por más de 40 etnias), mantenían contactos con sus zonas de origen, fundamentalmente con el envío de la productos como el maíz. Esto permitía mantener lazos de parentesco con familiares que permanecían en la sierra (altiplano). Con la llegada de los españoles a la región, muchos mitmaqkuna abandonaron sus actividades productivas y huyeron hacia sus localidades de origen.

En los primeros años de la colonia, la presencia de los españoles fue constante en el Valle de Cliza y que sumado a la presencia de los yanaconas, de diferente origen, como señala Scharmm (1.991:28-30) conformó una estructura poblacional disímil. Como zona productora de cereales y especialmente ganadera, atrajo poblaciones constantes que junto a las chacras y haciendas fundaron la estructura socio-económica posterior, que sin muchas variaciones continuó hasta la formación de grandes haciendas.

Hacia la década del 30 del siglo XX, las poblaciones en el Valle de Cliza estaban organizadas en rancherías que contaban con 100 a 2.500 habitantes. Dichos lugares, estaban agrupados, por lo general, alrededor de propiedades de hacendados.

En algunas zonas, estas rancherías estaban nucleadas por parentesco gentilicio (tal el caso de Camacho Rancho en Punata, en el que el mayor número de familias lleva el apellido Camacho por línea paterna) o alrededor del dueño de una propiedad, como Lobo Rancho (en las cercanías de Ucureña), según los parámetros de estructuración espacial que llegó con la colonia.

Varios ex-colonos de la provincia de Arani recuerdan que antes de 1.953 la hacienda de Molle-Molle  trasladaba en coches tirados a caballo, maíz blanco, por varios días a la feria de Cliza y diariamente leche a la actual capital de la Provincia Punata. Según otros, por lo general las haciendas producían maíz y cuidaban ganado. La producción agropecuaria en el Valle de Cliza y consecuentemente en Punata tiene sin embargo antecedentes a los que conviene referirse para formarse un cuadro más global.

Alrededor de 1.550 se inicia con la producción agrícola, al respecto, el estudio realizado por Brooke Larson (1.983) se puede deducir que el Valle, como parte del Corregimiento de Cochabamba, fue ampliando sus actividades agrícolas (sobre todo con el maíz y el trigo) en las propiedades de los terratenientes que, bajo el amparo de la Corona española, estaban ligados con la minería de plata de Potosí y otros pueblos mineros. Este período de auge se inicia alrededor de 1.570 (época de las Reducciones del Virrey Toledo) hasta mediados del siglo XVII. A partir de entonces se produce la decadencia de la plata y poco a poco el Estado colonial pierde vigencia y en este contexto de crisis el sistema terrateniente se va desintegrando dando lugar a la aparición de pequeños arrendatarios y aparceros que empiezan a controlar la producción de cereales. En los años 50 del siglo XVII, Cochabamba y los pueblos del Valle eran abastecidos por pequeños minoristas en granos.

En 1.807 se registra que alrededor de un 10 % de las “haciendas de españoles” estaba situada en los Partidos de Cercado, Sacaba, Tapacarí y Cliza, pero la mayoría de ellas, eran propiedades relativamente modestas. En el Partido de Cliza, la propiedad más grande y rica era “Santa Clara”, la hacienda donde precisamente se iniciaron las actividades de organización que desencadenaron los movimientos sociales antes de la Reforma Agraria de 1.952.

Estructuras de poder. Los sistemas de autoridad eran comunes en las estancias y rancherías del Valle de Cliza. El Corregidor, de origen no indígena, era representante del gobierno nacional para la recaudación de impuesto y el arbitraje en litigios entre los indios. El curaca, en algunos casos nombrados por los colonos, tenía como misión el de representarlos y colaborar con las autoridades de la hacienda (el patrón, el administrador y/o mayordomo) en la organización de grupos de colonos para los servicios en la hacienda y la vigilancia en su cumplimiento.

El curaca cumplía labores destacadas en las celebraciones religiosas y que era nombrado por el patrón aquel colono de mayor estima y respeto. Entre las autoridades se podía nombrar al Alcalde de campo, dirigente -que más tarde con la sindicalización fue asumiendo el nombre de Secretario General o Secretario Ejecutivo o también el de Secretario de Gobierno.

El primer propietario de esta bastante extensión valluna de tierras ubicadas en Punata fue el coronel don Pedro Alfonso de Hinojosa, antes del año 1.530, después como legación de herencia recibe la hija de Don Pedro, doña Luisa de Hinojosa, quien contrae nupcias con el capitán Diego Mexia de Obando con quien tuvo tres hijos. Al quedar viuda contrae por segunda vez matrimonio con Antón Beltrán con quien no tuvo hijos. Se sabe que la propietaria de Punata, doña Luisa de Hinojosa, falleció en 1.625. Antes de morir, encargo que sus restos descansaran en la iglesia de Punata. El Regidor Mariscal de Obando, contrajo matrimonio con la nieta de la hermana de doña Luisa y, por sucesión, resultaron herederos los Mariscal.

FUNDACIÓN DE PUNATA

La creación del poblado de San Juan Bautista de Punata fue hecha en 1.575 por don Hernando Bernal, miembro del grupo del capitán Ñuflo de Chávez en su segundo viaje de Asunción a Lima. Bernal se separó del grupo asentándose en el extremo oriental de la planicie del valle de Cliza y procediendo a la construcción de un templo y la concentración en el sitio de la población indígena.

  

Habiendo agraciado el rey de España don Felipe II al hidalgo don Juan Mariscal de Hinojosa y Alvarado, sobrino del General Francisco de Hinojosa y del Mariscal don Alfonso de Alvarado, con una encomienda de indios y tierras de la comarca de Punata, se le nombró Alférez Real del Cabildo de la Villa de Oropesa. Por Ley de 17 de enero de 1.709, don Juan Mariscal hizo elevar su feudo a categoría de ciudad (Guardia y Mercado, 95).

El pueblo de Punata, sólo se desarrolló en base a la dotación de tierras a los indígenas que efectuó en 1.781 el Presbítero Francisco Mariscal de Hinojosa, dueño de la zona, en retribución a la defensa de esas tierras contra el alzamiento de los hermanos Tomás, Dámaso y Nicolás Catari en 1.780. Hasta esta consolidación de facto del curato hecha por el Presbítero Mariscal, ninguna autoridad se había preocupado de la fundación oficial de Punata, por lo que 1.781 es considerado el año creación del pueblo.

LA REPÚBLICA

En el periodo republicano, por Decreto Supremo de 18 de mayo de 1.838, promulgado por el Gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz se confirió el título de Villa al Cantón Punata. En base a este Cantón, se creó mediante Decreto Supremo de 4 de enero de 1.872, la Primera Sección de la Provincia se constituye en una de las provincias de Cochabamba, durante la presidencia de Agustín Morales; la Segunda Sección conformada por el Cantón Rivero, fue constituida según Ley de 12 de octubre de 1.915, y la Tercera Sección, en base al Cantón San Benito, fue erigida mediante Ley de 29 de octubre de 1.948.

En Punata se desarrolló una particular estructura de la hacienda, debida en gran medida a que toda esta zona estuvo desde temprano ligada a los mercados. En el siglo XVIII, se produjo una importante expansión de la pequeña producción en parcelas arrendadas, de las que los terratenientes recibían la renta en especie, dinero o trabajo. Surgieron así los campesinos arrendatarios, subarrendatarios y jornaleros.

Hacia fines del siglo XVIII, en base a la distribución de tierras de su propiedad que hizo el presbítero francisco Mariscal de Hinojosa apareció también el campesino pequeño propietario. Esta particular estructura (predominio de parcelas arrendadas y pequeños propietarios) se va consolidando paulatinamente, sobre todo a partir del siglo XIX, en el que a raíz del repunte de la minería, especialmente de la plata, se amplió el mercado de alimentos y artesanías, y se reactivó la articulación de las áreas rurales con la minería.

Punata cobró en este siglo, especial importancia en el Valle Alto, desplazando a Tarata. De esta manera, Punata, se constituyó en un centro público, intermediario en la articulación entre ciudad y los centros productivos rurales. Las grandes y sobre todo medianas y pequeñas haciendas que predominaban en Punata hasta antes de la Reforma Agraria se desarrollaron fuertemente en este periodo, vinculándose a la producción minera como centros proveedores de alimentos, desarrollándose una intensa actividad comercial con estos centros. Las formas predominantes de organización de la producción eran el arriendo, el trabajo en compañía y la producción agrícola del campesino dueño de pequeñas tierras.

La relación con el mercado, permite la ampliación de la vinculación con otras esferas de la producción y no productivas y cobra vital importancia la red de ferias locales-provinciales que actúan no sólo como lugar de comercialización, sino, como un espacio de confluencia cultural, lingüística y política, en el que participan sujetos de las diferentes clases de la sociedad colonial entre ellos, comerciantes españoles, artesanos mestizos, alfareros, plateros, hilanderos, arrieros de otras regiones, indios y otros. Con el transcurrir del tiempo, mediante la actividad comercial, muchos de los arrendatarios acumulan capital para comprar los terrenos que ellos cultivan en la hacienda, y a fines del siglo XVIII son estos propietarios los que controlan el mercado local de granos y de productos agrícolas.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, al avance de la apertura vial, el ferrocarril y el desarrollo de la agricultura, trajeron un sello urbano que reafirmó estructuras anteriores, renovó funciones y creó centros de desarrollo dedicados a la organización de lo agrario. Finalmente, en el siglo XX se verificó un considerable crecimiento de los asentamientos existentes, y se intensificó el fenómeno de la distribución de la población, observándose el incremento de la población urbana.

SIGLO XX

El siglo XX se inició con una transformación en la estructura económica del país declina la producción de la plata y se inicia el ciclo del estaño, y con ello va surgiendo un nuevo sector económico que poco a poco se va fortaleciendo hasta llegar a decidir el curso económico, social y político del país, los barones del estaño. Esta transformación, supuso el traslado del eje político económico del país de Sucre a La Paz. Con este hecho, se produjo la expansión de la hacienda en el altiplano y el fortalecimiento del arriendo y la pequeña propiedad en el Valle.

  

Para 1.900, Punata ya era considerada como la segunda provincia poblacionalmente más grande en el departamento de Cochabamba, presidiendo a Tapacarí. Este importante crecimiento del centro urbano de Punata indica el desarrollo de las actividades comerciales e industriales (artesanía en hilandería, costura, alfarería) y de la producción agrícola que se fue dando en esta provincia.

Todas las características señaladas a nivel económico para esta zona, como ser la particular estructura de la hacienda, con un predominio del sistema de arriendo la pequeña propiedad parcelaria, la existencia de renta en trabajo y/o dinero, una producción ligada al mercado, entre otros, constituyen los factores estructurales que eclosionaron en la reforma agraria de 1.953.

En el plano social, un reflejo del desarrollo de estos factores estructurales se dio con la aparición de organizaciones y movimientos campesinos. En este sentido, en 1.936 se fundó el Sindicato de Ana Rancho (Ucureña), en noviembre del mismo año se fundó el Sindicato Trabajadores Agrarios de Vacas. En esta fase, gran parte de la movilización campesina estaba orientada a la construcción de escuelas para la educación del campesino y a lograr la administración de las haciendas. De hecho, el Sindicato de Vacas, en 1.937 consiguió que se decrete que sean administradas por los colonos, aunque esta conquista fue derogada el año siguiente.

Entre 1.942 y 1.945 se dio una fuerte interrelación entre el movimiento campesino que iba organizando y desarrollando y el movimiento obrero, particularmente el minero que con más experiencia histórica, fue un puntal importante en este proceso. Hasta octubre de 1.952 existían dos sindicatos agrarios: Sipe Sipe y el Valle Alto, en este último fue el lugar donde se decretó de Reforma agraria del 2 de agosto.

La Reforma Agraria de 1.953, significó la dotación de tierras a campesinos quienes se convierten en los dueños absolutos de sus productos y fue el inicio al proceso de la eliminación del latifundio como estructura de poder y dominación social como fue la condición de hacendal en la cual vivía el campesinado.

La reforma agraria, por otra parte, no crea las condiciones necesarias para mejorar la vida de los campesinos, pues la división y distribución de la tierra, consolidó una economía parcelaria basada en la fuerza de trabajo familiar con la utilización de técnicas muy antiguas, todavía propias de la época de las haciendas. Con posterioridad a la Reforma, la pequeña producción mercantil tiende a expandirse y la presencia del campesino en el mercado se intensifica, produciéndose grandes transformaciones en los mercados feriales con la incorporación de nuevos agentes dentro del circuito comercial.

Dadas estas características, la dinámica que nutre el proceso urbano de Cochabamba no se establece en relación con su aparato productivo agrícola e industrial, que presentaba grandes problemas en cuanto a la disposición de innovaciones tecnológicas y de recursos financieros; sino, por su capacidad de captación de la pequeña producción parcelaria que presenta complejos circuitos de comercialización. Para el caso de Punata, al estar próxima a ríos y contar con suelos ricos en nutrientes, fue reconocida históricamente, como el centro productor y comercializador primario de la subregión. Cabe mencionar que el distrito, estaba compuesto por huertas, fincas y haciendas de buena producción de tubérculos, cereales, hortalizas y frutas.

En este sentido, la organización espacial de Punata originalmente modelada en el sistema urbano de las villas coloniales y republicanas de las áreas rurales del país, se caracterizó “por una plaza principal, centro administrativo - religioso del pueblo, con las calles orientadas en forma ortogonal a las esquinas de la plaza y desarrollándose tentacularmente sobre las vías de acceso, conforma el modelo tradicional de la villa rural tan extendido en nuestro medio” Guardia y Mercado. En las dos últimas décadas, Punata han sufrido; […] paulatinas modificaciones de su contexto urbano, a modo de satisfacer las necesidades y requerimientos físicos del mercado y el crecimiento poblacional. El centro urbano, por ejemplo, ha sufrido serios cambios, se sustituyó la vivienda tradicional por edificaciones de carácter comercial y locales de renta, en un sector circunscrito por una periferia residencial de baja densidad, con unidades dispersas, manzanas semi-ocupadas y los conocidos espacios libres salpicados de inserciones de uso agrícola al interior de la mancha urbana.

Según Carlos Calvimonte en su libro “El proceso de urbanización de Bolivia”, la Villa de Punata pasa a constituirse en una ciudad intermedia de importancia en el escenario nacional a finales del Siglo XX. Dicho autor menciona que el crecimiento de la ciudad se da en un proceso continuo y lento, asociado al proceso de metropolización de la urbe cochabambina.

La historia urbanística de Punata, se vio alterada inicialmente a partir de los años 50, desarrollándose con mayor fuerza en la década de los 90´s, presentando una arquitectura moderna, combinan estilos diversos en las residencias, comercios y edificios públicos. El crecimiento urbano en la década de los 50´s solo se tenía ocupadas 50 hectáreas (de ahora en adelante ha.) y el 2.004 se contaba con 142 hectáreas urbanizadas.

Hasta la gestión 2.006, el área urbana de Punata alcanza a 520 hectáreas equivalente al 2.92% de la superficie total del municipio; la tendencia de crecimiento urbano se encuentra orientado a las vías de comunicación más importantes que vinculan al municipio con otras zonas vecinas como los municipios de Cliza, Arani, San Benito y Villa Rivero. La ocupación del suelo urbano, por tanto, tiene las características de una ciudad que tiende a crecer cada vez más, mostrando un comportamiento altamente comercial en la parte del casco viejo y residencial en sus alrededores.

Cabe mencionar que Punata, tradicionalmente, se constituyó en el núcleo del transporte del Valle Alto, al estructurar dentro de su área de influencia toda una red de carreteras, vías secundarias, caminos vecinales y senderos que confluyen en la localidad, cubriendo prácticamente todo el territorio provincial. Asimismo, el área comercial de Punata, abarca el conjunto del Valle Alto y excede sus límites provinciales debido, precisamente, a la extensa red vial que facilita su rol de centro urbano primario subregional y cabecera del movimiento de bienes y servicios para todas las zonas de producción, a partir de un modelo concéntrico cuyo eje central es el mercado ferial.

Además del rol vinculador -articulador en lo productivo y de importancia comercial, característica que permanece hasta hoy, Punata ha sido históricamente tierra de inmigrantes temporales que buscan su desarrollo brindando su fuerza de trabajo.

En el siglo XXI este fenómeno está marcado por la migración de sus adultos jóvenes a Argentina (fines del siglo XX), España, Estados Unidos, Chile y países vecinos en este siglo.

 

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